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Nuestro caballo está enfermo, ¿cómo podemos alimentarlo?

La alimentación juega un papel clave en la favorable evolución de determinadas enfermedades

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Sería pretencioso describir una dieta «universal» para los caballos enfermos en general, porque en función de la dolencia que padezcan, serán o no recomendables algunos alimentos; pero lo que no deja lugar a dudas es que la nutrición desempeña un capítulo importantísimo en la favorable evolución de determinadas enfermedades. Es muy aconsejable que la dieta alimenticia se sume al tratamiento farmacológico y de manejo respectivo en cada situación.

La anorexia o pérdida de apetito e interés por la comida, ya sea por causa infecciosa, dolorosa o causada por estrés excesivo, debe ser corregida lo antes posible e intentar que este ayuno voluntario no se prolongue más allá de 2-3 días. En muchos casos, esta pérdida de apetito se produce por la existencia de fiebre, que puede ser controlada con los fármacos adecuados. Por eso, cuando nuestro caballo muestre los primeros síntomas de no querer comer, es recomendable consultar con el veterinario para que establezca la causa de esta pérdida de interés por el alimento y corregirla lo antes posible.

salud_anorexia_caballos.pngTened en cuenta que la reducción en la ingesta de alimento durante 5 días puede causar problemas añadidos al estado de nuestro caballo, por la bajada de defensas que va a provocar en su sistema inmunológico. Una vez que hemos conseguido que nuestro caballo retome el interés por el alimento, en caso que lo hubiera perdido, podremos modificar tanto la composición de la ración como la cantidad y la manera de administrarlo en función de la alteración orgánica o patología que presente.

En aquellos casos de lesiones músculo esqueléticas que supongan un reposo prolongado y una disminución importante del nivel de ejercicio, deberemos limitar la cantidad de energía que aportamos en la ración, ya sea reduciendo la cantidad, lo que va a suponer posiblemente un stress al animal por esa reducción en su comida, o modificando las proporciones de los alimentos que normalmente le damos. Por ejemplo, en estos casos deberemos reducir la cantidad de pienso concentrado al mínimo y aumentar la cantidad de henos y forrajes. 

En los casos de heridas importantes y de larga duración y quemaduras, deberemos enriquecer la dieta con alimentos o forrajes ricos en proteínas digestibles, como puede ser la alfalfa, para favorecer la cicatrización de las heridas. Así mismo, aportaremos un suplemento vitamínico rico en vit A que colabore decisivamente en esa recuperación. 

En cambio, en afecciones hepáticas y/o renales deberemos reducir esta cantidad de proteínas digestibles en la dieta para reducir el nitrógeno ureico obtenido de su metabolismo y favorecer el funcionamiento de las vísceras afectadas. 

Muchos caballos padecen cuadros de úlcera gástrica y los propietarios desconocen este padecimiento por parte de sus animales. Se trata de una enfermedad que afecta muy negativamente al rendimiento, bienestar y carácter de nuestros caballos, además de producirle episodios cólicos con relativa frecuencia. Suele ser mas frecuente en animales de carácter excitable y nervioso y en caballos que solo toman alimento concentrado (como pienso compuesto) o que solo comen una vez al día. 

alimento_caballo_enfermo.pngEn estos casos, el ácido vertido en el estómago para realizar la digestión daña las propias paredes del estomago, generalmente las de la porción escamosa y produce quemaduras de distinta gravedad que se ulceran y tardan mucho tiempo en curar o no lo hacen. Además de diagnosticarlas y poner el tratamiento farmacológico adecuado podemos prevenirlas e intervenir sobre ellas modificando los hábitos alimenticios de un modo sencillo a la vez que eficaz. Lo que se pretende es reducir el nivel de acidez dentro del estómago y para ello es fundamental la mezcla de forraje y saliva que se deposita antes de la llegada del pienso concentrado. Además, esta mezcla de saliva y forraje evita las salpicaduras de ácido sobre las paredes dañadas del estomago, preservando así su integridad. Para ello, es recomendable iniciar el día con una buena ración de forraje y/o heno y al menos 30 minutos después administrar el concentrado. De este modo observaréis que el caballo pasa más tiempo comiendo incluso el pienso parece durar más en el comedero. El resto de ración diaria lo podremos administrar en una o dos tomas dependiendo de la disponibilidad. Pero no olvidéis que debemos limitar  los periodos de ayuno.

En aquellos caballos que sufren de laminitis o infosura  y también en aquellos otros con síntomas de obesidad, deberemos reducir la ingesta de calorías. Para ello eliminaremos totalmente el grano de cereal (avena y cebada los mas frecuentes) y reduciremos al mínimo la cantidad de concentrados y en cambio daremos básicamente heno. Podemos reducir aún mas las calorías aportadas por el heno, remojándolo al menos 30 minutos antes de administrarlo. Si necesita más cantidad de calorías podemos proporcionárselas con suplementos de aceite vegetal (soja o maíz preferiblemente), pero no olvidéis que el grano de cereal esta reñido con los caballos con infosura. 

En los casos de afecciones respiratorias lo más interesante es eliminar todo el polvo y partículas que están en el alimento. Cuando el caballo come y tiene su hocico metido en el comedero esas partículas de polvo son respiradas y pasan al interior de las vías respiratorias. Esta circunstancia es especialmente significativa en aquellos animales alimentados con mezcla de cereales. Probad a meter una mano húmeda dentro del saco de alimento y veréis la cantidad de partículas que se os quedan adheridas. Para evitar esto podemos humedecer previamente los alimentos y evitar ese ambiente polvoriento en el pesebre, pero deberéis retirar aquellos restos que no sean comidos, para evitar que fermenten. El heno y la paja también pueden ser humedecidos. 

Como veis, cada caso requiere de un manejo y una modificación diferente de la dieta pero en definitiva, lo importante es saber que modificándola convenientemente podremos influir de un modo decisivo en la recuperación de nuestro caballo enfermo.

Sobre el autor

Pedro Chimeno

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