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¿Por qué herramos a nuestros caballos?

Un poco de historia y principales motivos por los que empleamos esta práctica con nuestros caballos

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Muchos os preguntaréis por qué herramos los caballos si cuando estos están libres en su entorno natural, obviamente, están descalzos y presentan en la mayoría de los casos unos cascos bien formados y saludables. 

La costumbre de herrar a los equinos nos viene desde la antigüedad y es lógico que mereciera una especial atención porque desde el cuarto milenio a.c. hasta el siglo XIX fue el único medio de transporte rápido. Durante estos cinco mil años, el caballo prestó servicios importantísimos y se convirtió en elemento fundamental para el desarrollo de las diferentes civilizaciones. 

Pero fue cuando se comenzó a utilizar para la guerra cuando surgió la necesidad de colocar unas piezas de hierro que conferían más resistencia al desgaste y que además causaban más daño al enemigo.

Según algunos historiadores, la herradura asegurada con clavos al casco, fue introducida por tribus germanas nómadas hacia el siglo II a.c. Anteriormente se utilizaban una especie de zapatos denominados hiposandalias que podían ser de hierro o fibra vegetal y se sujetaban mediante correas justo por encima del casco. 

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Si observamos un caballo libre en la naturaleza, comprobaremos que este se desenvuelve en dos aires: paso y galope; el primero para desplazarse mientras pastorea y se alimenta y el segundo, para huir rápidamente de todo aquello que pueda considerar una amenaza. No olvidemos que el caballo es un animal “de huida”. Es raro ver un caballo en libertad trotando durante largos trayectos. 

Durante los aires de paso y galope el casco suele tener más desgaste por las lumbres, que es la zona dotada con más grosor de estructura córnea, pero cuando añadimos el peso de un jinete, modificamos el centro de gravedad e inducimos a mantener prolongados períodos de trote. En este caso son las cuartas partes y los talones los que soportan mayor estrés y un mayor desgaste, y esto es algo para lo que no fueron diseñados. Por este motivo los caballos que trabajan habitualmente descalzos necesitan recortes periódicos de las lumbres de sus cascos.  

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En definitiva, la herradura nos aporta una serie de ventajas nada despreciables en el mantenimiento del estado de los cascos de los caballos, pero sería injusto olvidarnos de otras funciones muy importantes derivadas del uso de la misma. Además de prevenir la inutilización del animal por un desgaste excesivo, sobre todo en terrenos muy abrasivos, nos permite modificar las palancas de fuerzas que actúan sobre la extremidad del animal y así favorecer la recuperación de lesiones o la aparición de las mismas. De este modo, la herradura se convierte en un auxiliar fundamental en la recuperación de no pocas lesiones localizadas en la extremidad del caballo. 

Pero estas ventajas se convierten en serias amenazas si no se cuida el casco mientras está herrado (limpieza y cuidados de ranillas) y si la frecuencia de recorte y sustitución de herraduras no es la adecuada, que generalmente debe ser de 45-50 días.  En este período de tiempo el casco sigue teniendo crecimiento, pero cero desgaste, lo que produce cambios de morfología que afectan inevitablemente a la disposición de la columna ósea de la extremidad del animal. Este hecho pasa desapercibido a gran cantidad de usuarios que no son conscientes de las serias lesiones que inevitablemente van a ocasionar a nivel articular y tendinoso. 

Del mismo modo, la herradura tiene también otra desventaja importante y esta es que, al soportar el peso del caballo en la parte más externa del casco, que es el lugar donde ubicamos la herradura, el resto de estructuras funcionales del casco se atrofian por falta de uso. Así, la suela pierde gran parte de su función y se vuelve más fina y blanda, motivo este por el que son más sensibles cuando falta la herradura, además de ver alterada la capacidad de propiocepción; es decir que el caballo no percibe como debiera las características del suelo que pisa. Además, esa parte fundamental para el buen desarrollo del casco que es la ranilla, deja de ejercer su función de amortiguación al mismo tiempo que ve mermado considerablemente su efecto de bombeo del flujo sanguíneo a través del casco, tan importante para el buen desarrollo y mantenimiento del mismo.

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Hay muchos usuarios que no utilizan herraduras para sus caballos salvo en aquellos casos en los que se hace estrictamente necesaria y optan por aplicar técnicas de Barefoot; mantienen a sus animales desherrados, pero realizando los recortes necesarios para mantenerlos en condiciones óptimas.  De este modo la ranilla vuelve a cobrar importancia en el soporte del peso junto con la suela, liberando a la pared del casco de esta función. Con el tiempo se recuperan la estructura, grosor y dureza de las distintas partes del casco, confiriéndole a este su aspecto más saludable. El caballo recobra el tacto en sus cascos y mejora la circulación y la nutrición de los tejidos que conforman el casco. 

Pero hay que entender que pasar de un caballo herrado a un animal desherrado, plenamente útil, aplicando sus recortes adecuados, requiere de un período de transición no inferior a un año, que es el tiempo estimado para renovar los tejidos del casco (pared, ranilla, suela), y un nivel de ejercicio adecuado para reactivar las funciones propias del casco. 

Recuerda que “Sin casco no hay caballo”.

 

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Sobre el autor

Pedro Chimeno

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